El riesgo sin determinar para la salud humana
Estudios científicos de varios países constatan un aumento de leucemia infantil, cáncer cerebral, depresiones e insomnio entre las personas que trabajan o viven cerca de las líneas de alto voltaje. Sin embargo, desde instancias oficiales se hace oídos sordos o se toman mínimas medidas preventivas.
La OMS está evaluando en estos momentos los estudios realizados en el mundo y prefiere no pronunciarse sobre el tema. Sin embargo, el Parlamento Europeo advirtió ya en 1994: «Respecto a las líneas de alta tensión, deben aconsejarse pasillos dentro de los cuales quedaría excluida cualquier actividad permanente y, con mayor razón, cualquier vivienda». Pero esa actitud prudente no está generalizada. En Cataluña, una comisión contratada por el Departament d’Indústria durante el mandato del anterior presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, llegó a la conclusión de que «el conocimiento actual no confirma la existencia de alguna consecuencia grave o irreversible para la salud humana».
El Consejo Europeo aconseja, no obstante, guardar una distancia de un metro por cada 5 kV de potencia. Según Josep Isern, director general del Departament d’Indústria i Treball de Catalunya, la futura línea se construirá a una distancia de unos 500 metros de núcleos urbanos y a 100 metros de fincas aisladas. En teoría, cumpliría por tanto las recomendaciones europeas.
Una mayor amenaza de incendios forestales
Ardieron 45.000 hectáreas en 1994 y 27.000 en 1998 en Cataluña en incendios provocados por las líneas de alta tensión. Según la jueza del caso de1998, en el que condenó a dos pirómanos, Fecsa y Endesa «mantenían la línea eléctrica con total descuido porque se encontraron restos de obras de mejoras efectuadas y una masa forestal no retirada dentro de la franja de seguridad».
«Si las ramas tocan los cables o crecen matorrales justo debajo de la línea, eso puede provocar incendios» afirma Miguel Ángel Villalba, presidente de la Asociación de Forestales de España (Profor). Es lo que pasó en el incendio de 1994: dos conductores de la línea de alta tensión provocaron un arco eléctrico del que saltaron chispas.
«Los rayos son atraídos por la fuerte ionización que se genera alrededor de los cables», advierte además Raúl dela Rosa, técnico en prevención de riesgos y expresidente de la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA), lo que convierte las tormentas en una amenaza. Según Gabriel Serra, de Salvem les Guilleries, las torres también atraen los rayos. «Cuando un relámpago cae sobre la instalación, ésta lo lleva a la tierra. El problema es que muchos relámpagos no llegan a los cables o las torres, sino que caen al lado».
La alternativa: ahorro y energías renovables
Entre los adversarios de la línea, muchos critican el modelo energético dominante. Proponen una nueva cultura de la energía basada en la descentralización, el ahorro y las fuentes de energías renovables. Según ellos, además haría falta invertir en la red de suministro de Girona, descuidada desde hace unos 20 años, y arreglar las antiguas líneas para disminuir sus pérdidas.
Energía renovable para el AVE y para compensar el pequeño déficit energético de Girona es lo que propone Iniciativa per Catalunya-Els Verds. Gabriel Serra, del grupo Salvem les Guilleries, acepta esta posición con reservas: «Planteamos que tampoco contaminen todos los espacios naturales con energía eólica porque también significa construir nuevas líneas. Si se prevé un crecimiento industrial, lo que tienen que hacer son nuevas instalaciones fotovoltaicas encima de los edificios».
La Associació de Naturalistes de Girona defiende que se acerquen las centrales de generación eléctrica a los puntos de consumo energético. Jaume Terrasolses, miembro de esta entidad, recomienda generar la energía «a partir de fuentes de energía distintas y con equipos de generación más pequeños». Con la cogeneración energética puede aprovecharse hasta el 90% de la energía producida, según Terrasolses: «Hay muchas actividades que necesitan calor y electricidad». Normalmente se perdería entre el 60 y 70 por ciento de la energía como calor desaprovechado.
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