AL PASO
RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN
Tras años de propaganda sobre las virtudes de las energías alternativas, en especial las que se originan a través de dos elementos tan baratos como el sol y el aire, la Generalitat Valenciana vuelve a toparse con problemas para sacar adelante sus proyectos eólicos en las sierras de El Comtat, de la Marina Alta, de l'Alcoià y del Vinalopó Mitjà. Dieciocho ayuntamientos de El Comtat se oponen al plan eólico, según informa una coordinadora ecologista de estudios eólicos, que, supongo, ha hecho muy bien su trabajo en todos esos municipios, de donde han salido miles y miles de alegaciones, a las que tendrá que contestar el Consell.
El único ayuntamiento que no ha capitulado ante los ecologistas ha sido el de Castell de Castells, cuya alcaldesa, la popular María Rosa Pérez, ha tenido que sufrir el ataque de los exclusivistas del medio ambiente, que la han llamado insolidaria. Que se atenga a las consecuencias, pues parece ser que los gigantescos molinos de vientos productores de electricidad tienen entre otras graves consecuencias negativas las siguientes: fuerte impacto visual y paisajístico, más que probable retroceso en el turismo rural y, en muchos casos, baja de la calidad de vida. Algunas poblaciones sufrirán deforestación y erosión de las sierras.
Parece que el Consell sigue dispuesto a sacar adelante los proyectos eólicos de la provincia, convencido de que el impacto medioambiental es mínimo, mientras que son máximos los beneficios de una energía renovable que hace depender el desarrollo económico menos de la energía nuclear. No considera lógico el planteamiento de quienes se oponen al plan eólico. Sus argumentos carecen de solidez.
En medios de la Generalitat, estiman que vuelve a producirse una falsa guerra ecologista, como ocurrió con el trasvase de Ebro, que era una alternativa seria para traer agua al reseco Levante. Los ecologistas consiguieron, con su apoyo a Maragall y a Iglesias, presidentes de Cataluña y Aragón, convencer también a Zapatero y Narbona de la inoportunidad ecologista de la transferencia de agua de una cuenca a otras. Las desalinizadoras han sido la alternativa socialista a la alternativa popular del Ebro. Los ataques ecologistas (con organización de manifestaciones callejeras) contra el trasvase y contra los populares no se han producido contra los socialistas y las desalinizadoras. A lo más, algunas leves críticas a la política hidrológica de ZP y Narbona, que no sabemos si montará fábricas de ladrillos de sal, como aconsejaba el catedrático emérito de la Universidad de Alicante Ramón Martín Mateo, para no tener que verter al mar millones de toneladas de salmuera dañinas para la flora y la fauna del Mediterráneo.
Parece claro que el ecologismo no tiene por qué ser de derechas ni de izquierdas. Lo importante es que aporte soluciones a los problemas que tiene planteados esta Comunidad Autónoma. ¿Tan difícil es buscar puntos de encuentro entre todos para resolver los problemas de electricidad, en el caso de los proyectos eólicos, o los del agua y los trasvases? No es que sea difícil; es que lo hacen difícil y, en ocasiones, imposible.