ALBACETE
El pionero parque de Ontalafia lleva años abandonado y herrumbroso.
Fue la primera experiencia de explotación eólica real en toda España |
DERRIBADA. Una de las diez torres que forman este abandonado parque eólico, en el suelo de la sierra de Ontalafia |
Unas aparecen como gigantes caídos, con las palas aplastadas contra el suelo; de otras cuelgan cables que agita el viento, mientras chirrían sus oxidadas torretas que giran al azar. Fueron torres eólicas famosas, las primeras que giraban, pioneras, para demostrar que la energía eólica era una alternativa real a otras fuentes convencionales.
Se inauguraron a bombo y platillo, con el señor presidente de la autonomía -don José Bono- y el señor presidente de la mayor empresa eléctrica del país -don Íñigo de Oriol- y sus respectivos séquitos. Hoy, caídas, rotas, inútiles, son chatarra; hasta en esto son pioneras estas torres: la primera chatarra eólica.
De la utopía al negocio
Albacete es hoy una de las zonas de España con más parques eólicos. Las molinetas, como se conoce popularmente a los aerogeneradores, están en cada rincón de la provincia. Pero este es un fenómeno nuevo. Hace unos años, la energía eólica era considerada un invento utópico, que sólo defendían los ecologistas y algún iluminado.
Albacete fue también pionera a la hora de abrir camino en el uso de esta energía, y en Ontalafia se colocó el primer parque eólico que, aunque aún era experimental, estaba ya plenamente orientado a explorar las posibilidades de explotación rentable.
Los pioneros reales de esta aventura integraban una empresa un tanto alternativa, Ecotecnia, que fue la que puso la chispa inicial (y la tecnología experimental) de todo el proyecto. Finalmente, y cuando los vientos empezaban a ser favorables a esta energía, que ya se explotaba rentablemente en otros países, llegó el interés del gigante eléctrico: Hidrola. De ese modo, con apoyo del Instituto de Diversificación de la Energía, del Ministerio de Industria y de la Junta, se puso en marcha, en diciembre de 1987, lo que fue el primer parque eólico con vocación de explotación privada en España.
Diez torres de 14 metros de altura sostenían los generadores, con una potencia total escasa, de 300 kw. Pero fueron las que pusieron en evidencia que la energía eólica no era el sueño utópico de aquellos ecologistas barbudos de Ecotecnia, sino una alternativa rentable para producir electricidad. Y de una fuente renovable y limpia, el viento.
Luego llegaron otros factores que han contribuido a la expansión, empezando por una generosa política de subvenciones. Pero justo ahora, cuando las molinetas llenan nuestros paisajes, (a veces de forma agresiva), este parque pionero yace en Ontalafia, abandonado, con torres caídas, devorado por el óxido, desconectado.
Y aquí llega la segunda parte: ¿qué hacer con la chatarra eólica? ¿No hay compromiso de restaurar la zona donde se instalan las torres para devolverle su estado natural? Interesantes preguuntas, sin duda, a cuya respuesta puede contribuir una cita de Ramón Sotos hoy concejal en el grupo de gobierno del Ayuntamiento de Albacete.
Retirada propuesta
En octubre de 1998, Sotos era concejal del grupo de Icam-Nueva Izquierda. Y anunciaba su intención de proponer la retirada de los aerogeneradores que se instalaron en su momento en el paraje de Ontalafia, «puesto que ya han cumplido la función para la que se pusieron allí, que fue puramente investigadora y experimental».
«Fue un proyecto piloto -indicó el concejal Ramón Sotos- y creemos que ha llegado el momento de que desaparezcan de la zona, ya que sinceramente, lo único que hacen en la actualidad es molestar, y de paso, se recuperaría un espacio importante del territorio del término municipal». Sotos es hoy, precisamente, el responsable de Medio Ambiente en Albacete.