BENIMASSOT

Seis artistas locales, de diferentes tendencias y edades, realizan la primera exposición del pueblo
Benimassot, un pequeño municipio de montaña de El Comtat, se ha empeñado en dirigir su propio destino por caminos distintos a los habituales. El pueblo, que hace años se opuso a instalar un vertedero en su término y que ahora rechaza la instalación de molinos de viento en su sierra, presentó esta semana la primera exposición artística de su historia realizada por seis artistas locales: Mara Verdú, Marina Martínez, Osvaldo Bordera, Maica Cortón, Jose Gironés y Maruja Ballester.
César Monzonís, Benimassot
El tamaño nunca ha sido excusa para alcanzar grandes éxitos. Todo lo contrario, es en ocasiones un valor añadido. De ahí que la primera exposición de artistas que se realiza en Benimassot -un pequeño municipio de El Comtat que apenas tiene un centenar de vecinos en los duros meses de invierno- tenga un mérito mayor. No sólo por la escasez de medios que existe en el municipio, sino sobre todo, por la calidad de los trabajos expuestos -la mayoría de ellos ya han sido vendidos- y por el número y variedad de los artistas que han participado.
El verano pasado se realizó un «collage» bajo la dirección de Mara Verdú en el que participaron decenas de personas de todas las edades y que fue la espoleta que ha culminado con la exposición este año en la Casa de Cultura. En navidades, ante la falta de eventos culturales que existen en estos pequeños pueblos de montaña, Marina Martínez y Mara Verdú propusieron al ayuntamiento la idea de realizar una exposición de artistas locales.
Ocho meses después y tras muchas horas de trabajo, Mara Verdú (pintura), Marina Martínez (cerámica), Osvaldo Bordera (pintura), Maica Cortón (pintura), Jose Gironés (pintura) y Maruja Ballester (arte floral) mostraron públicamente su trabajo. Con él, los seis artistas -de diferentes edades y conceptos plásticos- mostraron como se puede suplir con arte la falta de medios. La exposición ha sido todo un éxito no sólo a nivel local, sino que ya ha despertado las inquietudes de distintos programadores culturales.
Y lo que es aún más importante, ha removido las inquietudes internas de muchos otros vecinos del municipio, para entre todos, marcar el destino de un pueblo que se resiste a perder sus principales recursos: la tierra y las personas, en favor del consumismo del siglo XXI.
Tal vez por ello, un grupo de vecinos partió en el año 2.000 a observar el eclipse de sol o el año pasado se realizó a través de alta tecnología una conferencia astronómica a la que asistió la mayor parte del pueblo. Este espíritu colectivo y artístico también ha impulsado a los vecinos a unirse en contra del plan eólico que prevé la instalación de más de 20 molinos de viento en la sierra «a cambio de cuatro pesetas», como dice uno de sus habitantes. Y es que «una cosa es ser de pueblo, que es un orgullo, y otra ser tonto» y permitir que «destrocen la sierra para que continúe el pelotazo urbanístico en la costa».
Este mismo espíritu también ha sido recogido por los jóvenes festeros de este año: Aida Casany Martínez, David Roig Cervera, Jaume Mora Cano, Germán Seguí Gilabert , Ana Verdú Verdú, Celia Rodríguez Vera y Sebastián Cano Doussot. Gracias a su esfuerzo no sólo se han podido realizar las fiestas que finalizan el próximo domingo, sino que a lo largo de todo el año se han programado múltiples actos.