ARTICLES D'OPINIÓ


Eólicas con calzador

CARLOS DE AGUILERA, miembro de la Junta Rectora del WWF Fondo Mundial para la Naturaleza de ADENA

Me lo decía hace unos días uno de los alcaldes «montañeses» de la provincia (ya saben ustedes que la Dirección General de Industria, o mejor dicho, su directo), llama así a los habitantes de las zonas del interior alicantino. «Nos las quieren meter con calzador», después de prometernos que dentro de veinticinco años las quitarían.

Creo que esta es una de las mejores definiciones de desarrollo insostenible que he oído jamás. Unas torres eólicas con fecha de caducidad para que no nos preocupemos.Pasan de cuarenta y tantas mil las alegaciones que se han presentado en contra del Plan Eólico Valenciano. Sería para pensar que tal cantidad de opiniones en contra fuera únicamente el fruto de una reflexión más o menos ecologista dirigida o manipulada por los que estamos opuestos al mismo. Pero no son solamente firmas, sino exposiciones inducidas -una tras otra- por cuestiones del más puro sentido común y del mejor entendimiento de los valores de un territorio en el cual, todos los ayuntamientos, sin dejar ni uno, han suscrito en declaraciones oficiales que no quieren que sus términos municipales sean objeto de instalaciones industriales en sus montañas.

Sería para pensar que ambas zonas incursas en la provincia de Alicante -las denominadas 14 y 15- se hubieran coaligado en aras de una uniformidad política, cuando no ha sido así. Y sería también para pensar que algo debe ir mal en el proyecto cuando se han hallado y denunciado más de cien violaciones legales, desde la Constitución Española a las ordenanzas municipales, pasando por las leyes de protección de la naturaleza, la nacional y la valenciana, y otras tantas incongruencias -de esas que se olvidan de vez en cuando- cuando el poder político cierra los ojos y obliga a los ciudadanos a acudir al poder judicial.

Y ya hemos empezado por ahí. Las autoridades ponen toda clase de pegas para entregar al Sindic de Greuges la documentación pertinente -es decir, un delito- cuando su obligación es transparente. Y el Sindic pide auxilio a las propias coordinadoras para que le envíen los papeles. Y no existe ni una sola justificación para que alguien diga que sí, ni una sola explicación para que alguien intente convencer.

Porque recientemente, yo mismo fui invitado a exponer -por Radio Alcoy- las razones por las cuales nos oponemos a las torres eólicas en el interior de nuestra provincia. Conmigo estaban dos representantes de la zona 14, de Alcoy hacia arriba, y uno de la zona 15, Foia de Castalla y adyacentes hasta Sax, personas impuestas en la razón, en los términos, en la exposición, en los motivos y en el estudio de la cuestión. Todos ellos expusieron en comedidas y justas palabras las razones de nuestra oposición.

Nos dieron un tiempo para explicarnos, y cuando faltaban sólo unos minutos la emisora dio entrada a un técnico -representante de la Generalitat- el cual expuso las razones que ya conocemos para justificar la energía eólica, haciendo un canto a su bondad, -que en ningún momento intentamos negar- exigiendo que nos obligásemos a la dicotomía de la producción para atender a la demanda (así, sin matices) y haciendo una pasada rápida por las energías alternativas que no fueran las del viento.

Se permitió decir que «la solar, nada» para continuar con su exposición supertécnica, como si fuéramos alumnos de primaria. Y ahí es donde se le vio la patita, como en el cuento infantil. La Generalitat sienta cátedra de que la energía solar no vale. Supongo que sabría el técnico que en el minuto siguiente no daría tiempo a contestarle y expuso con suficiencia su mensaje. De la solar, nada. Cuando todo el mundo sabe que es la energía del futuro, cuando ya se conocen parámetros y cálculos eficaces que apuntan a una transformación de los tejados en pequeñas centrales sin cables y sin servidumbres, cuando los estudios avanzan mucho más rápidamente que los eólicos y cuando la insistencia medular de la naturaleza nos envía radiación solar de forma constante y viento de forma inconstante, por la única razón de una política equivocada deja constancia del «gabinetismo» de la Conselleria de Industria.

Una bella forma de hacer política, cuando en la nube que tapa la verdad aparecen subvenciones -más para la eólica, menos para la solar, que ese es otro tema- y aparecen connivencias con las grandes empresas del ramo, y aparecen publicidades en forma de millones de euros.

Se ha recibido recientemente una carta de Suiza que termina diciendo lo siguiente: «Los políticos españoles, no contentos con que se hayan devastado casi todas las costas, permiten ahora la destrucción de las montañas. Es increíble lo mucho que quieren al dinero y qué poco a su país».

CARLOS DE AGUILERA
Diario Información
3 de octubre del 2004

 

 


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